Miles y miles de años
no bastarían
para nombrar
el fugaz segundo de eternidad
cuando me besaste
cuando te besé
una noche bajo la luz de la luna
La plata del cielo
se filtraba entre las ramas,
un silencioso komorebi nocturno
hecho de sombras y resplandor
Nada se movía
salvo el tiempo,
que parecía detenerse
para mirarnos
Y la noche entera,
con sus estrellas y sus secretos,
cabía en aquel instante:
un beso suspendido
entre la tierra y la luna.