Antonio Portillo

El saqueo

El laberinto de la flor no busca el ojo.
Espera el peso,
la herida exacta de la aguja de oro.
​Entra la abeja en el cáliz.
No hay tregua en el hambre:
un pacto de polvo y saliva.
​Al final,
ni el pétalo retiene su tesoro
ni el ala se lleva la raíz.
​Queda el fruto engendrado en el saqueo:
la única forma limpia
de sobrevivir al verano.