No hago caso del ruido que se alza entre el bullicio,
tampoco del poeta que no actúa conforme a su poesía,
no hago caso de quienes van de listos
y se quedan sin nadie que les respalde,
no actúo por inercia, no hago caso a quien pone
interés en las cosas que duelen,
no hago caso de nadie en general,
porque no hay sugerencias ni consejos,
que me alarmen, que me hagan meditar.
No supongo, sentencio,
en lo que ya conozco dejo huella,
no me ralla.
No vivo sorprendido o fascinado,
nada me descoloca,
me lo han puesto fácil,
porque su enfoque no aporta nada nuevo.
No estoy en otro plano,
yo tengo propiedad intelectual,
y argumentos de sobra,
no aparento, no soy Dios a su manera.
Me deshago de intromisiones,
me deshago en elogios hacia mí.
Hay quien no aguanta a solas,
quien se pasa de rosca, o pierde los estribos.
Yo no tengo opinión sobre lo que tú piensas.
No utilizo mi mente contra ti.
Nunca defenderé lo que no puede ser
atacado.
Para llegar a eso, a destruir mis castillos en el aire,
deberíais comprender lo que yo escribo.
Solo empleo mi fuerza para elevar mi ego,
resquebrajar el mito terrenal.
No les hablo de confabulación,
de verdad, de justicia,
yo soy la voz que todos intentan evadir,
de conciencia hacia afuera.
No blasfemo o difamo,
solamente otro enfoque es el que vuelve a Dios
cristalino.
No hago caso a malditos
que viven de propósitos.
Para mí cada día es el Apocalipsis,
no me cuestiono, nada me amedrenta,
y el final de los tiempos jamás será pactado.
El hombre contra Dios
no hace caso de este carrusel.
Nada nuevo.
Este reino ya ha sido conquistado.
El truco de la paranoia,
de que todo es cosa mía,
viene a contradecirme con palabras.
No hago caso de nadie
que no sepa cuál es su enfermedad,
no hago caso de nadie que no se crea Dios
y me intente cambiar.