Hay movimientos caros a la noche
impresos como huellas en la arena,
o miradas saltando desde el agua.
Son signos cual de algún pudor de besos,
de aromas cual de flores insolubles,
de roces que sorprenden en la bruma.
Son siglos de un calor que no ha menguado,
de una perduración de piel y manos
que palpan desde el borde de otro tiempo
(alguien estuvo aquí que mucho amó).