Traime pluma y papel que el escribir es un placer, en los versos que soñe.
Imaginé tus labios sabor a miel para las noches que me haga falta tu piel.
Abrazando delgadas caricias cuando te estremeces en mi ser, añore ser tuyo por las veces que espere.
Entrelazando nuestras manos, siento las gotas de una noche de placer, sumergidos en una pasión que desafía al tiempo y nos funde en un solo aliento.
Cierro los ojos y veo tu rostro, y el alma se me llena de un vacío hermoso y doloroso, este triste escriba te va diciendo adios y una parte de él se va contigo.
Este escriba que se mantiene en agonía hasta cuando regreses a ser mi medicina.