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Siempre sacabas el conejo
del sombrero para hacer
feliz mi mundo, hacías nacer
estrellas en el dulce cortejo.
Eras magia pura, un bosquejo
que decorabas con cálido placer
adherida al cuerpo hasta yacer
exhaustos y amar era un festejo.
Recuerdo aquellos rituales
tan nuestros y tan.. etéreos
con movimientos sensuales
y después al rocío en gotereos
que se unían en uno siendo duales
nos elevaron hasta ser sidéreos.
INCONCLUSION
Su cuerpo era un cálido
refugio, y era acogedor
hacia florecer su alrededor
y daba color a lo pálido.
A sus caricias todo era válido
en la habitación, la sala, el comedor
en la ducha y era un vencedor
sin importar si estaba escuálido.
Porque todo te dí sin excusas
para que fuéramos felices
eras la musa entre musas.
Extraño aquello que dices,
quedaron cosas inconclusas,
ojalá volvamos a ser cómplices.