A veces en la penumbra,
a falta de alquimia,
se agota la lumbrera
y ve surgir geometrías
de una pared cualquiera:
amenazas de un mundo
cuyas voces,
aunque silenciosas,
le rompen los sesos
con palabras tendenciosas.
Precisa química
y corazones que escuchen,
palabras de aliento,
abrazos que no juzguen;
algunas ganas,
aunque rotas,
de componer los pedazos
con sus manos,
aunque sea
a cuentagotas.