Nicolás Alejandro Gabriel

De hombre

¿Qué más podría decirte?

 

Si mi primera forma presustancial

estuvo suspendida en el aire,

hasta que como sal y siembra,

precipité en las venas abiertas de la tierra.

 

Sobre mí pasaron los días, las hojas,

y el trémulo ensayo de las raíces.

Sobre mí pastaron las aguas, caminaron los ciervos

y se arrastraron revoltijos de áspides enmudecidas.

 

Fui, al fin, tomado del bendito suelo por gracia divina:

greda húmeda entre los dedos doloridos de Dios,

exhaustos, tras haber fecundado los ríos y los nardos.

 

Él me dio su hálito y yo te entregué a ti, mujer, mi aroma terroso.

 

Antes de mí no había semejanza alguna.

Por eso nací desde abajo:

fui huella antes que pies, espina antes que carne, e instinto antes que razón.

Desde los pies a la cabeza fui formado.

 

Así ves y me entiendes:

tengo rasgos arbóreos, animalescos y, finalmente,

soy esta piel que habito,

de hombre.