Bajo los mismos escombros el mismo
Silencio espera a los que no
Eligieron caer, sólo
Estaban allí.
Caracas pronunció sus nombres,
Después tembló; Gaza también lo
Pronunció y lo sigue pronunciando
Desde antes y desde hace
Tanto que ya nadie la
Escucha.
No hay, no debería haber, escombros
Que distinga la sangre y el dolor
Por una bandera: solo
Cuerpos pisados
Por el peso
De los techos y los gritos
De terror y de
Dolor.
Tanto en la Guaira como en Caracas viven una gran mayoría de mis antepasados que salieron huyendo de las islas Canarias por el hambre y la miseria que la España colonial nos imponían hasta bien pasado la mitad del siglo pasado: Sé, muy bien, de ese dolor que ahí se sufre, quizás, y sin quizás, pudiera ser que mejor que muchos de fuera de allí que ahora se sienten apesadumbrados…
Les escribo, ahora, a ustedes, a los que esperan turnos de palabras poéticas sentados cómodamente en una silla y frente a las pantallas del ordenador, esperando los likes y los reconocimientos tibios y poéticos que guardan para los que, desde luego, nunca les van a hacer sombra el dolor. Llevo años, décadas, mirando cómo funciona todo esto, primero desde muy dentro mismo de los periódicos de papel y ahora frente a estos espacios de escritura en que, de pronto, toda una casi mayoría se vuelven poetas y exigen hacerse llamar así; sé cómo funciona esto que siempre he definido, porque lo es, Redes Fecales, sé cómo es la comunicación entre ellas y desde dentro y por tanto sé, muy bien, quién calla cuando alguien escribe algo con argumentos válidos y creíbles, con dolor incluso, que duele y hasta jode por bueno y por honesto, sé también, y mejor que nadie, quiénes aplauden lo que no dice nada pero siempre que lo escriba alguien del lugar correcto ; sé, también, que ese silencio no es prudencia, tampoco gusto, es algo peor: Es miedo a que el mérito ajeno les obligue a mirar hacia adentro mismo de cada cual; ustedes, los poetas que versan así, que creen versar bonito (solo bonito pero nunca real) prefieren una basura (que los hay) de poema aplaudido con treinta likes en grupo que a un poema vivo y emotivo que les deje solos con la indiferencia.
Y ahora esto, esta desgracia: Venezuela. Otra tragedia que les ha despertado la solidaridad, de repente y de la noche a la mañana. Ahora les tocan decir, a ustedes, que el país que hace tres meses era, según ustedes mismos y aquí, un país gobernado por el comunismo y por tanto la vergüenza del continente, un ejemplo de todo lo que no debía ser un Gobierno; ahora, insisto, y de repente es un pueblo hermano, para todos al que hay que llorar y ayudar: ¡Qué rápido se vuelve y cambia el corazón cuando lo que se exige no es coherencia sino falsa publicidad poética!. ¿Y cuando lo de Gaza, dónde estaban ustedes los poetas de ocasión? Sí, en ninguna parte o quizás sí: Escondidos en sus malas conciencias. Ni una línea, ni un poema, ni un silencio incómodo compartido mientras la gente, bombardeada durante semanas y semanas, morían, entonces ustedes con sus poemas e historias de pajaritos preñados buscando likes y aspirando con ansiedad ser Tendencia, arriba en el top. Este silencio que percibí de ustedes no fue en absoluto neutralidad, fue una elección de vida, y las elecciones a la hora de escribir, como en la vida misma, nos definen más que un simple poema del que se espera likes, entre más mejor.
Escribir hoy “Fuerza Venezuela” frente al ordenador y con la misma mano que calló antes los asesinados de Gaza y llamar a esto sensibilidad es una farsa, una hediondez inmoral; la sensibilidad de verdad no elige bando según el enemigo político de momento: La sensibilidad de verdad duele con quien sea, cuando sea.
Un poeta que finge y que solo se conmueve cuando conmoverse es cómodo y sencillo públicamente no es poeta, en este sentido es en que digo que: No todos somos poetas, nunca.