Mi dolor es parco, callado, silencioso, como también lo ha sido mi amor, y no hay mucho consuelo externo, tan solo mi erizada sensación.
Mi piel se ruboriza cuando escucho aquella canción; mis pupilas se humedecen cuando invoco tu recuerdo, envolvente y cautivador.
Mi amor es callado, como también lo es mi dolor, y así seguirá, reticente, ya que afuera no hay consuelo, ni néctar ni nutrientes para endulzar tanto amargor.
Mi dolor es callado, igual que lo es mi amor, y las nubes se amontonan en mi mente, no dejando que entre el sol.
¿Cómo gritar este dolor que llevo en mi pecho? ¿Cómo cantarle de nuevo al amor, si he levantado un muro y tengo magullado el corazón?
Tal vez, por momentos, revolotean mariposas por mi cabeza, dándole libertad a esta prisión, e imagino noches estrelladas dejando entrar la luz en mi interior.
E imploro al universo. Le hablo desde lo más profundo de mi ser y le pido que me conceda un poquito de nitidez.
Nitidez para reconocer a un verdadero amor, y un poquito de claridad para tanta confusión.
Y hay veces que me escucha y me concede su resplandor.
Resplandor que le da brillo a esta oscuridad... resplandor para vislumbrar ese soñar.
Porque, aunque mi dolor siga callado, aún no ha aprendido a rendirse mi corazón.