Había una cruz de madera
junto al sendero rural;
nadie recordaba el nombre
de quien dormía detrás.
Pero al pasar los paisanos
se quitaban el sombrero;
la gratitud tiene gestos
que valen más que el dinero.
Y el viento, como un agorero,
rozando el viejo rosal,
iba dejando una pena
que nadie pudo olvidar.
Emiliodr/Julio 2/26