Rituales
Para que no se olvide
El polvo dibuja la sombra de los libros
en el perchero cuelga un abrigo sin dueño.
El tiempo aquí es un reloj sin agujas
insistente en guardar los secretos del ayer.
Hay que nombrar cada rincón en voz alta
rescatar el eco de las risas que se fueron.
Para que no se olvide.
El frío se instaló en las ventanas
pintando paisajes de ausencia.
Se siente el calor que habitó estos muros
como una caricia que se resiste a morir.
Hay que tatuar los nombres en las paredes
guardar el aroma del café en el viento.
Para que no se olvide.
Recoger las hojas secas del patio
y las palabras que quedaron a medias.
La memoria es un lienzo que se destiñe
un barco de papel en la tormenta del olvido.
Por eso enciendo una vela en la tinta
para dejar constancia de que estuvimos aquí.
Para que no se olvide.
David Gerardo