Seguro estoy que el amor no siempre llega como un fuego incandescente.
A veces llega como una pequeña brasa que se niega a apagarse.
Y es que no podemos vivir de promesas, porque ellas terminan al igual que la emoción de los primeros días. Cuando el silencio empieza a ser incómodo y la rutina entra sin pedir permiso.
Y es que amar no es encontrar a alguien perfecto. Porque todos, sin excepción, estamos llenos de dudas e imperfecciones y aún así amamos y somos amados.
Podemos vivir con alguien tan imperfecto como nosotros mismos, y no porque existan dudas o porque sea fácil, sino porque hay personas que, incluso cuando no hacen nada extraordinario, nos siguen dando un poco de paz. Y eso casi nunca se nota al principio.
Eso se descubre un martes cualquiera, al conducir por alguna avenida o esperando el cambio de un semáforo, e incluso hablando de cualquier cosa con cualquier persona.
Y quizá de eso se trate todo este monólogo inconcluso: no de evitar que el fuego se apague, sino de encontrar a alguien que, cuando todo se enfríe un poco, todavía quiera sentarse a nuestro lado.
-------------
Rafael Blanco López
Derechos reservados