Te me escapas impaciente,
y se posó el silencio en mí, quedándome inexistente,
durante un eterno instante...
Te fuiste invulnerable,
de ahora en adelante en tu gran fuerza confiaste,
que ni mi afecto te retiene...
Con tu paso indiferente,
mientras alumbre el sol, podrás ser muy ardiente,
en otro pecho jadeante...
Y sí, enmudecí definitivamente,
pues sobre mi papel, el silencio se hizo una constante,
algo en mi ser ya ineludible...