DISTRIBUCIÓN DE LOS ASIENTOS A LO LARGO DE LA PLATEA
La platea del cine quedaba dividida
por un pasillo central en dos secciones,
y también disponía de dos pasillos laterales
que bajaban en ligera pendiente en dirección a la pantalla,
más una puerta principal que se abría justo en el centro
del enorme rectángulo.
Y para que los espectadores pudiéramos acceder
al pasillo central con mayor comodidad,
la sala disponía de otro pasillo mucho más corto, el que empezaba
en la entrada y partía por la mitad la primera sección de butacas.
No había palcos, tampoco gallinero en el fondo,
sino que cada cliente habitual teníamos un asiento fijo en la platea,
el preferido, siempre el mismo todos los domingo, de tal forma que
el orden dado nunca se alteraba, de tal manera que
los que nos sentábamos al lado del pasillo interior,
el más alejado de la salida, apenas podíamos entender
el gusto del resto de los aficionados, de los que se sentaban
en las primeras filas por ejemplo, tan pegados a la pantalla enorme,
o en las plazas más próximas a la puerta.
Gspar Jover Polo