Cuando escucho tu voz siento escalofríos,
será un tema de dos, querer estar contigo.
Hablemos tú y yo, no seamos solo amigos,
quizá en este cuarto estoy solo hablando hoy,
reflexionando qué pasó, por qué acabó.
Esto es culpa de mi condena: acabar solo,
contemplando la luz de las velas alumbrando
mis cadenas amarradas a mis venas, que
fluyen por la paz de mi subconsciente.
Hasta ahora no me pierdo, sigo recto,
esperando encontrar el camino correcto.
Quiero avanzar, llegar a tu lado, no te puedo alcanzar,
estoy atrapado; las grietas en mi mente
no se han rellenado, terminan de romper
mi corazón vacío, dejan sin ideas a mi esfero azul.
La tinta inolvidable se ha acabado ya,
y me ha dejado sin escribir nada más...