A primera velocidad pongo tu canción favorita. En segunda y tercera voy recordando cuánto daño te hice. En cuarta siento el peso de que ya no estés. En quinta, mi mente divaga. A las 7,000 revoluciones, Dios conduce la moto. A las 7,001... 7,002... despierto y me doy cuenta de que, en realidad, el que va conduciendo soy yo.