Lo sé. He jugado al amor y he perdido.
Fui manantial y ahora soy desierto.
Me pesa en el pecho un pájaro muerto.
Dí más de lo que me fue concedido.
Pensé que así sería digno y noble,
que el postigo daría primaveras,
más no me llegaron ni aguas austeras;
lo sé: la lluvia aviva o mata al roble.
¿Qué me hace creer ahora que el cielo
se volverá generoso algún día?
¿Por qué este ardor que camina entre el hielo
y esta ardua esperanza que aún porfía?
Lo sé: soy esa ruda cosa nacida
del prodigio de la carne, la vida.