Mientras comía en la gran
mesa, el suelo se abre y de
el aparece un ente, que no
lleva nombre, pero que ya
tiene un hogar en el fuego.
Lo invité a sentarse en el sillón,
no esperaba un sí como una
respuesta, simplemente lo dejé
hospedarse, solo se me quedó
viendo fijamente, sabe quién
soy y yo también lo reconozco.
¿Qué buscas? Deseaba decirle,
sus manos arrancaban mi oxígeno,
su mirada se posó en mi cabello,
le resultaba cómodo besar mi frente,
pero yo le tenía terror a ese ser.
Dio la vuelta en un tirón brusco,
tomó una fresa y la tragó como
si nada, vengo por ti – Él dijo
su voz grave aplastó el aire,
— Ni te atrevas a negarte.
Se fue por el suelo en el que vino,
me quedé sin hambre después de
eso, la comida estaba entera,
sin ser tocada por ningún ser
vivo.