Rafael Parra Barrios

De nuevo fuimos San Felipe El Fuerte

 

 

Vista de San Felipe, que incluye el portal y el parque arqueológico que guarda en sus predios los vestigios del Terremoto de 1812. Al final la foto de Emiliano Barreto destaca el cuadrilátero urbano de nuestra capital.

 

De nuevo fuimos San Felipe el Fuerte

 

​A propósito de los terremotos de 1812 y de 2026

 

​El 26 de marzo de 1812, un Jueves Santo a las 4:07 de la tarde, estando las iglesias repletas de feligreses, un sismo multifocal destruyó la ciudad de San Felipe el Fuerte. Fallecieron más de cuatro mil habitantes y los sobrevivientes tuvieron que buscar otros destinos equidistantes para comenzar de nuevo.

 

​Fue una tarde funesta y lúgubre que acabó con la ciudad más próspera de la Venezuela colonial, tapeada luego por el lodazal que originó la crecida del río Yurubí, producto de los torrenciales aguaceros caídos tras el terremoto.

 

​El historiador Daniel Plácido Rodríguez Rivero describe con su brillante pluma cómo encontró el movimiento telúrico a San Felipe:

 

​\"Había producido hombres de ciencia, encuadrados en todas las ramas del saber humano: abogados, médicos, sacerdotes, industriales que perseguían, junto con su bienestar personal, la prosperidad de la región; la agricultura del cacao dio a aquella fértil comarca fama universal; su sociedad era ponderada por sobria y bien tenida, y sus casas, aunque de arquitectura sencilla, llenaban los perfectos cuadriláteros de sus manzanas, refrescando con su vista el recuerdo de la tierra lejana a los viejos españoles allí residenciados. Pero una tarde del 26 de marzo todo cambió. Como fulminados por un rayo invisible, sus edificios se rindieron, vueltos polvo ante el espanto de la tierra convulsa e indómita, asfixiando entre sus ruinas a la mitad de sus habitantes.\"

 

​Esa ciudad próspera, perfecta, perseverante y victoriosa fue demolida por la fuerza de la naturaleza. Necesitaba entonces del espíritu cerritense para renacer, como en efecto lo hizo, hasta concretar la urbe que hoy es.

 

​Doscientos catorce años después, un 24 de junio de 2026 a las 6:04 p. m., un doblete sísmico tuvo su epicentro en Yaracuy. Su fuerza estremeció a San Felipe y a los pueblos aledaños, pero esta vez nuestra estructura urbana y rural se mantuvo incólume. Tuvimos en esta oportunidad la consideración divina, no obstante la feroz arremetida endógena que tuvo un desenlace trágico en La Guaira y, en menor grado, en Caracas.

 

​En San Felipe, ese día miércoles fue radicalmente trémulo. En esos segundos pensamos lo peor, el susto nos invadió, pero la fe infinita pudo torear el vendaval e iluminar el milagro de la salvación.

 

San Felipe volvió a lucir la fortaleza propia de sus pueblos originarios; sin embargo, tal como en 1812, el luto y la tristeza inundan el ambiente por los miles de hermanos del litoral varguense que perdieron sus vidas, sus casas y sus hogares, y que hoy reciben la mano amiga internacional para rescatar a quienes aún permanecen bajo los escombros.

 

​San Felipe -pueblo y ciudad, historia viva de sismos devastadores- llora hoy la tragedia de La Guaira y la sufre en carne propia. En un estado permanente de oración y solidaridad, pedimos por el pronto rescate de todos. La situación es indescriptible, pero merece la alta dosis de hermandad que ha brotado del corazón del venezolano y de los rescatistas del mundo.