Carlos Baldelomar

TE ESCRIBO POR ÚLTIMA VEZ

Caigo,

irremediablemente caigo,

como se derrumba la luna

en las estrías del cielo,

o más como esa gota clandestina,

que se filtra por la grieta del tejado.

 

Hasta aquí creí que el temporal

era cosa del pasado,

que ya no llovía en casa.

Pero uno baja los pies

de la cama

y a veces es inevitable encontrar

el agua estancada en la habitación.

 

Hasta cuándo, me pregunto.

 

A veces corro por las calles,

porque, para serte sincero

ya ganas no tengo de quererte.

 

Te arrastro

como el arado sobre la tierra,

pero solo abres mi piel

como una herida

que ya no sangra.

 

Eso es una condición

que le pertenece solo a los vivos.

 

 

 

 

Vos sabés que puedo ser torpe

para los caminos del olvido,

pero nunca un cobarde

para decirte

que hasta aquí te he querido.

 

Por eso hoy te escribo

por última vez,

aunque hoy tenga el alma a la intemperie,

completamente desnudo

y duelan las noches frías

como esta.