No sé si reír o llorar,
Frente a tanto pesar,
Las palabras salen solas,
Sin yo pedirles mucho más.
Ya que me duele el alma,
Por un frío dolor que quema,
Hasta el último resto de alegría,
Pues tú eras el sol de mis días.
Eras la sinfonía de mi orquesta;
Eras el alma de las fiestas,
Eras cariño entre indiferencias,
Eras la cura en las dolencias.
Te extraño, pero te pierdo;
Pues debí haberte cuidado,
Debí ser un mejor hermano,
Y no dudar de ti en vano.
Autor: Samuel Fuentes.