Y si jugamos a crecer, a entender...
A aprender a querernos bonito, uno al otro, arropando nuestro corazón.
Juguemos a querernos antes que a amarnos.
Porque cuando tú me quieres, tu enojo no suena a enojo.
Y cuando me amas, reímos tanto.
Aún así, cuando te quiero, una pelea suena a qué queremos seguir adelante.