Si entre latidos solo existe una vida, y solo tenemos una oportunidad,
que ya late como eternidad.
Y en ella, caer y levantarse,
enfrentar, aceptar y sumar,
no es solo camino,
es la forma de estar.
Entonces…
si el latido es eterno en cada instante,
presencia de lo que somos,
como roca que se atraviesa para llegar al mar en calma...
¿a qué estoy esperando?