Dos versos que al chocar miran
Dos pupilas que miran sus almas,
Y dos gritos que el cuerpo expulsa
Por dos amores que al confundirse, no son uno.
Eclipsantes son
Las tardes aquellas
Para el joven dibujante, ciego para
el choque del lejano amor.
Donde surgió por vez primera
La tarde espléndida,
Donde el cielo frio eclipsaba sus fieros ojos
¡Bendita sea la tarde donde te vi!