Morirá el árbol enfermo en el bosque apartado.
Yacerá el gladiador en coliseo vacío.
¿Verá alguien extinguirse el fuego fatuo?
¿Anegarán las aguas al estío?
Y será vómito ebullido derramando oro
y un pincel reseco que ya no tatúe lágrimas.
Y arquitectura rasgada de máquinas,
final del paso avante de los monos.
Me miraré morir todas las veces,
me mataré al alba con mis suspiros,
y le diré al hado que ya no gire.
No esperaré fruto de muerte allende,
ni auguraré resurrección ni tino,
ni subterfugio endémico en mis crines.