ANGHELUZ.

EL FUEGO QUE NOS TRASPASA LA VIDA

 

EL FUEGO QUE NOS TRASPASA LA VIDA


El fuego que no consume...

Al borde del deseo
un instante
en secreto.

Los contornos
dando guía y sentido
a los labios
que lo curan todo.

Instantes perfectos
previos e inevitables
con aquella locura
que viene de la ternura
inexorablemente.


Luego nosotros
infinitos de madrugada
bajo el brillo de las estrellas
que tintinean nerviosas
en la distancia que nos une
inevitablemente.

Beligerantes nuestros cuerpos
en la lucha interminable
nos precipitamos intactos
desde el miedo
que invita al olvido
de nuestros nombres.

Luego nuestras miradas
con rumbo y destino preciso
incontenibles nos despiertan
en cada parpadeo
un mundo de imposibles
ya desnudos.

La caída vuelta caricia
entre cada suspiro
que se entrecorta
complacido, en la espera
de este fuego que no consume.

Después la nada
que creamos entre nuestras manos
como rose perfecto
que nos rebasa y envuelve
en un solo latido
ansioso y fugaz.

La historia que se olvida
cada que respiramos…

la travesía que se anuncia
con al toque de las almas
como quien se pierde
entre los abismos del alma.

En encuentro por destino
lo indecible
lo que nos hace cómplices
en el más bello silencio
apenas un segundo
que nos separa de lo eterno.

La pausa que detiene
al universo
dibujando una silueta
al amanecer.

Nos edificamos
desde las ruinas tardías
de aquellos besos
donde fuimos olvido.

La palabra no dicha
acompasando la calma
otro segundo que nos eleva
y nos deja caer
en una mar de locuras.

Inextinguibles nuestros cuerpos
en un fuego que no quema
que nos cicatriza desde la humedad
que traspasa nuestras vidas.

ANGHELUZ