Trae el río voz de monte,
de guayabo y de arrayán;
lava penas en la orilla
como un padre muy galán.
No presume mi machete,
solo sabe trabajar;
abre surcos de esperanza
cuando empieza a madrugar.
Cada grano que recojo
lleva un poco de mi fe;
nunca olvida quien cultiva
que primero hay que creer.
Cuando canta la cigüita,
calla el campo alrededor;
hasta el viento se detiene
por escuchar su rumor.
Va cayendo la tarde
sobre el verde cafetal;
y el aroma de la tierra
vuelve el alma a su sitial.
Emiliodr/Junio 30/26