Se hacía tarde.
Se veían las aves retozar
en todas partes
y la fuente parecía derretirse.
No había nadie caminando
por la calle.
El jardín tomaba forma
y los pinos
se inclinaban a la izquierda.
En aquel tiempo,
todo se echaba de menos;
hasta las plumas de la alondra
cayendo sin piedad
en pleno invierno.
L.G.