Viandante por la senda de la vida,
transito por su incómodo camino;
bebiendo sin cesar el dulce vino
que incita la pasión mas desmedida.
Creyéndome romántico panida
me siento cual devoto peregrino;
que busca del amor su don divino
con versos que ilusión su letra anida.
Mi espíritu febril es un santuario
que aloja la divina poesía;
y guarda de su lumbre gran breviario
bordado con la luz de la armonía;
que sirve a mis ensueños de sudario
y extirpa al corazón melancolía.
Autor: Aníbal Rodríguez.