Dicen que no estuve,
por lo visto, ese día,
que solo rezaba,
la ropa intacta,
las uñas blancas,
sin sangre entre medias.
un millar de hogares abajo,
derrotados ante un temblor,
dos, y niños y llantos llenando
un aire ahíto de polvo, ahogo,
rodeados de madres que dejan
de serlo por un instante, solo,
para convertirse en brazos
de una poderosa cadena.
Dicen, mas no lo comparto.
Pasé víveres como loco,
rescatamos niños de debajo
de los escombros, y los hice
volar con mis débiles brazos,
me arañé el alma, el tuétano
de mis huesos impregnando
una argamasa vencida.
Y dicen que no estuve.
Valientes crónicas.