Las olas acercaron una botella
hasta la orilla.
En su interior,
un mensaje de socorro:
“Amor,
ven a buscarme”.
Con más celo que treta,
el amante se sumergió,
entre corrientes,
decidido al rescate,
sin confundirla con nadie.
Abrazado al mástil de su talle,
oteó el horizonte a través de sus ojos.
El astro de fuego y la luna,
su fiel compañera,
en sus coqueteos,
avivaron mareas,
que les transportaron
a playas inexploradas.
El tiempo venidero
sería un almanaque de aromas:
¡Cada día, una flor!
\"Las regaremos
con nuestras lágrimas\",
se dijeron.
Y si llega la noche,
evitar ruidos
que atraigan las fieras.
Las manos de fuego
les mantendrían unidos.
Soñando con el mar,
con menos pelo y más canas,
el amante se despertó.
Las olas
le susurraban al oído:
“Te quiero”.