Tuve una vida
y la desperdicié
He muerto
No sabía que poseía uno de los tesoros
más valiosos
He muerto
Aunque aún respiro
soy incapaz de hacer algo más
que mover la mirada
hacia otra cosa más interesante
que me distraiga del dolor
inminente
Vivo un martirio,
un castigo
Y el motivo de mi deuda
aún no se me ha comunicado
Ni cuando acabará
Ni con qué poder pagarla,
pero el verdugo está agusto,
viéndome
ponerme de rodillas
rindiéndome.