A ti, que después de haber padecido el fuego intenso de lo terrenal,
has ido dando forma a tu propio ángel, desde lo más profundo de ti mismo.
Que, sin necesitar a nadie, y por ello afortunado de vivir emancipado,
has levantado el paraíso en el que ahora habitas, aquí, en la Tierra.
Que has reconocido el verdadero tesoro de tu existencia,
y vives tu vida con gratitud,
disfrutando de lo sencillo, comprendiendo que cada instante es único,
porque has aprendido a habitarlo como un regalo.
A ti, hoy te digo lo que también me dije a mí mismo:
suma y sigue; sigue hacia adelante.