No estoy de acuerdo con mis piernas, ansiosas de cometer el plan según acordado.
Ni con mis manos, repletas de objetos con las que, están dispuestas a accionar un puente de...
¡Mucho menos con mi nariz, sí, con mi nariz que teclea por dentro, como una máquina de escribir. Teclea un diluvio de mucosidad y las hace salir a la lluvia cual burbujas inequívocas!