Gus Affranchino

Dueña de mis versos

Te quiero como el viento.

Mis caricias de poesía,
todas tuyas, Angelita,
te aguardan en mi pecho argentino
con el mayor de los amores.

Te pido madre Naturaleza
que los latidos que me quedan,
infinitos,
sean música de vida
en el timbal donde sonaba antaño
el candombe de mis barrios niños.

Que toda su música
sea para darte gracias a vos,
a Dios, a la vida,
por tenerla a mi lado.

De libertad infinita
está hecho el fuego que alienta
nuestras dos hermosas almas.

Las llamas son de fe
inquebrantable que alumbra
nuestro amor verdadero.

Soy la caricia que te abraza
el cobijo de tus alas
el agua nueva en la montaña.

Y cada vez que vos
dueña de mis versos
lo deseás,
soy el viento que te acompaña,
donde sea que tú estás.