No se puede cambiar el mundo,
apenas alterarlo unos segundos,
ya conoce nuestros trucos,
es difícil engañarlo.
Ya fuiste su víctima,
él fue tu victimario.
Pero si hay que elegir una tercera posición,
que sea esa sonrisa renovada
que te conmueve.
Y aunque el tiempo insista en repetir su condena,
aunque la rutina se disfrace de destino,
esa grieta mínima,
ese gesto que resiste,
es la única victoria que aún respira.
Entonces sonrío, porque el mundo no se engaña,
pero aun así me conmuevo.