Tu lejanía me acerca a ti,
como los polos opuestos se atraen entre sí;
así es tu lejanía para mí.
El tiempo, en su fluir, acorta esta agonía:
la de quererte desde lejos,
la de sentir que mi razón no te olvida.
Me he acostumbrado a ser barco a la deriva.
Ya no sufro la distancia;
sé que soy el mar entre tu isla y la mía.
Navegaría mil leguas, si hiciera falta,
para atracar en tu bahía.
Hay destino, sueños
y una distancia repleta de cercanía.
Y mi amor es más fuerte que los miedos
que quedaron varados
en el naufragio de tu isla.