A veces me llega la tristeza,
arrastrando su mirada de nieve y su demencia,
de alguna forma, su influencia...
Y me lastima sin mediar palabras,
mientras las horas se vuelven como frías espinas,
aunque no sangren las heridas...
Así entrego toda mi alma,
al sol que calienta pero que la aflicción me riega,
por doquiera su pesadilla...
Entonces, mi mente se ofusca,
con su tormenta que se esconde detrás de la mirada,
conociendo el dolor de la vida...