Recuerdo:
Caminábamos dispersos
con el mundo entre las manos.
Padecíamos tormentas, aforismos y sonetos
y olvidabas lo prosaico.
Admirabas los balcones florecidos
con lamentos ancestrales
y campanas que sonaban en
las grandes catedrales.
Las ciudades con angostos callejones
invitaban al refugio en sus
claustros milenarios.
En los viajes,
yo llevaba los poemas
y el mar era testigo
de que no viajabas solo.
L.G.