Hoy fueron cinco minutos.
Cinco minutos para detener el reloj que llevo por dentro, para respirar sin afán, para mirar el cielo como si fuera la primera vez, y agradecer, en silencio, el privilegio de estar aquí.
Quizá mañana sean otros cinco minutos.
Cinco minutos para entender que la felicidad no siempre hace ruido.
Y ojalá nunca deje de encontrarlos, porque he descubierto que no necesito más tiempo para ser feliz.
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Rafael Blanco López
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