José Honorio Martínez Ochoa

Geometría del agua

Geometría del agua

 

Cuando el mar atrapa la imagen de la luna
brota en cada ola una luz breve,
como si el mundo dudara un instante
antes de recordar su propio resplandor.

La inquietud es apenas un parpadeo,
seguida por la paciencia antigua del agua
que aguarda mi mirada
sin prisa ni forma fija,
como si mirar fuera también una manera de caer
en la profundidad del tiempo.

La luz convoca el río de mi boca
y, al hacerlo,
merma mi tropiezo con la materia del mundo.
Lo sutil de la corriente
disuelve la espuma circular de mis dudas,
y el agua, paciente,
convoca al verso como quien llama a una orilla
que nunca deja de desplazarse.

Mi destino es el ejercicio verde de la luz,
una escritura que no termina de cerrarse,
rubricando en el aire
el indicio secreto que el alma guarda
como si fuera semilla de claridad.

El color de los hilos tejidos
es la majestad silenciosa de los dedos:
una inteligencia antigua
que no necesita nombrar lo que sabe.

Invento el color de la primavera
como quien inventa la primera respiración del mundo.

Girasol de luz,
espiral de escritura,
fuga de una nube temporal
que se deshace antes de ser nombre.

Seno de mi cariño,
jornal de lirios abiertos en la mañana,
todo lo que florece
trabaja en silencio para la claridad.

Las parvas de la flor
se diseñan en la geometría secreta de los vinos,
como si la tierra bebiera su propio resplandor
para poder sostener el tiempo.

Los rumores son corbatas líquidas del fruto,
señales ilustradas de la miel
que el día deja caer en la lengua del mundo.

Hojeo el azul del abril tapiado,
como quien hojea una memoria sin cerrar.
Encuentro en cada página
una paz suspendida en la hoja y en el aire,
un réquiem suave del algodón del tiempo
que no termina de irse
ni de quedarse.