Mil vaggio

Melancolia de domingo.

¡Oh, vida! Ahora existo y el tiempo rasga mis vestiduras; el camino me desconoce y todos mis anhelos parecen esquivarme. Me vuelvo ajeno a ti, y solo me reconocen la hora del café y el diario. Las cosas existen ajenas a mí, y el espejo, a quien tanto tiempo confié mi ego, hoy me mira con indiferencia.