Entre copas y cumbias me dijo ella
que no tenía perro que le ladre, yo
como me reía y mi respuesta fue:
Yo igual no tengo gata que me aruñe,
y como gozamos toda la noche entre
copas y una musiquita y amaneció y
nos levantamos bien abrazaditos.
Bonita fue esa amanecida, que hoy
me dice que cuándo repetimos
esacena porque que fue muy apasionada
y no sé si somos buenos amigos
o amantes, lo cierto es que disfrutamos
de ese placer maravilloso
que se llama amor.