Que la pluma, el tintero y el papel, sean un camino de esperanza, luz y oportunidades;
claros como la luz del día frente a las sombras, las incertidumbres y la oscuridad.
Que cada letra y cada palabra siembre conciencia, iluminen el pensamiento y, en cada latido,
tejan las costuras del alma con paciencia, esfuerzo y profundidad.
Que la pluma, el tintero y el papel, hechos palabra, conviertan a su creador en su propio aprendiz,
y sean faro y guía en su camino hacia la luz, la superación y verdad interior.
Que la escritura sea universal, y que cada verso, rime o no, con o sin imaginación,
dé lugar a la autocrítica, a la reflexión y al despertar de la conciencia.
Y que quienes la propaguen, ya sea desde la Playa de Canyamel, Mallorca, España, bajo un cielo azul y el sol;
bajo el amparo de la luna; o entre nubes, tormentas y lluvia al amanecer, desde cualquier lugar del mundo,
sean espíritus libres, guerreros y caminantes, encendiendo conciencia allí donde exista la sombra,
mientras amplían la suya propia.