Dama de las Algas

Mi paseo

El ambiente estaba pesado
y el día comenzó con niebla.
Salí de casa temprano
a pasear por mi acera.

Se escuchaba el rumor del mar
y algún otro sonido
que, de momento, no quería identificar,
o quizá prefería olvidar
para no sufrir por lo perdido.

Me puse a contar las piedras
que pisaba al caminar.
Intentaba distraer la mente
y olvidar mi oscuridad.

Mientras tanto, tú
seguías en mi camino,
bromeando sobre pequeñeces
que lograban hacerme sonreír.

Poco a poco, aquellas grandes cosas
se alejaban de mis manos,
dejando paso a otros matices.
Y yo seguía contando
las baldosas húmedas y resbaladizas
que encontraba bajo mi cansado paso.

No veía el final del paseo,
y tampoco me importaba.
Solo miraba de reojo
a las personas que se cruzaban.

¿Contarán también, como yo,
o caminarán enfrascadas
en sus propios problemas?
Porque la miseria y la tristeza
no son exclusivas de nadie.

En estos tiempos extraños,
en los que nos vamos empobreciendo,
hasta el pobre corazón, condenado,
deja de entender de números,
de calendarios
y de papeles mojados.

El teléfono se quedó mudo,
vacío de todo aquello que llevaba.
Dejó de sonar aquella música
que, a veces, incluso molestaba.

Ahora vuelvo cada día.
Y en esta mañana plateada,
en la que el sol no consigue calentar,
uno se siente más pobre
de lo que en realidad era.

 

@ Dama de las Algas

28 de junio del 2026