La línea principal de resistencia del poema
No se dobla ante el olvido, ni ante la indiferencia,
ella es la columna vertebral que sostiene cada verso.
La línea principal de resistencia del poema,
que nunca cede, nunca calla, nunca se desvanece.
Contra el ruido del mundo que intenta ahogarla,
contra las palabras vacías que buscan desgastarla.
Ella se mantiene firme, como un acantilado frente al mar,
como un león guardián de la verdad que hay que decir.
Es el hilo que une cada estrofa y cada rima,
el propósito que no se pierde en la confusión.
La línea principal de resistencia del poema,
que lucha por ser escuchada, por llegar hasta el corazón.
Contra la censura, contra el desprecio, contra el tiempo,
ella se alza con fuerza, con dignidad y con valor.
No permite que la poesía se convierta en simple adorno,
sino que la mantiene viva, como un fuego que nunca se apaga.
Esta línea es la voluntad del poeta, la esencia del sentir,
el compromiso con lo que es justo y con lo que es real.
La línea principal de resistencia del poema,
que asegura que la palabra siga siendo un arma y un bálsamo.
Así sigue en pie, firme y decidida,
defendiendo el lugar de la poesía en la vida.
Porque sin esta línea de resistencia que la sostiene,
la palabra se perdería en el abismo de lo efímero.