Unos mosquitos dictaban curiosas sonatas.
En medio de mi noche oscura.
Donde un velo blanco cubría la densa ironía de los sueños y deseos.
Donde la soledad mira y no dice nada.
Donde la bruma de las estrellas me habla de ti.
¿Quién diría que rojo sería el destino?
Mis manos de sangre se mancharían y mi mente cuerda... no se mantendría.
¡Oh! Aplausos para el maligno y sus sonatas.