Es suficiente el ruido del aire en la ventana
para inspirar hasta al que duerme.
Me alcanza el sonido de las tortolitas
al aterrizar de su vuelo.
El olor del lirio que me regalaste, me basta y me sobra.
Aún las aguas turbias, reposadas bajo el ciprés,
me hacen más humana.
Toda esta naturaleza,
nutrida de mi llanto,
plantada sobre los ojos de los sensibles,
me tienen aquí,
aquí con el corazón abierto.