Ese dolor indeseado
que echa a perder los
planes de un fin de
semana no se lo
deseo a nadie;
aunque debo de
admitir que a veces,
sólo de pensamiento,
suelo imaginárselo,
como un mera travesura,
a esa persona tóxica que
no para de reírse del
dolor ajeno, de alguien
que sólo quiere reposar
sus penas en aquella pared
asoleada por los rayos
de un atardecer sin fin.